CUARESMA: ORÍGENES. HISTORIA. ESPIRITUALIDAD (I)
Cristo es tentado por el demonio en el desierto y consolado por los Ángeles.ORÍGENES DE LA CUARESMA[1]
El primer dato oficial de la Iglesia sobre la existencia de la Cuaresma, (Quadragésima) como cuarenta días preparatorios a la Pascua, es el Concilio de Nicea (325) en el canon 5. Y la identificación tiempo de Cuaresma = tiempo de ayuno aparece a partir del s IV (S Ambrosio + 397, quien es uno de los primeros en señalarlo). Pero esta equiparación no era así en un comienzo.
En los orígenes, el ayuno se practicaba solo en Semana Santa y expresaba tanto el dolor por la ausencia del Esposo como el deseo de su presencia. Mientras que Cuaresma más bien parece que se instituyó no como un gran ayuno preparatorio a Pascua, sino para facilitar la preparación de los catecúmenos al bautismo en Pascua, y la reconciliación de los penitentes en el Jueves Santo. En esa primera forma de cuaresma, no se insistía solo en el ayuno, sino en la escesis en general.
Tertuliano, entre otros, nos da el sentido original de este ayuno primitivo, que tenía una profunda base evangélica, la cual conviene recuperar para vivir nuestro ayuno actual: la Iglesia expresaba así el dolor por la ausencia del Esposo que les había sido arrebatado con su muerte, conforme a lo que dijo el Señor: Vendrán días en los que el Esposo les será arrebatado a sus discípulos, entonces, ellos ayunarán[2]. Este ayuno era de compasión y luto por la ausencia del Esposo. No prepararaba a la Pascua sino que la acompañaba. Era un ayuno pascual y no prepascual.
Decíamos que en un principio, el ayuno se hacía solo durante Semana Santa, con algunas variantes según las iglesias. En las iglesias de la gentilidad (Roma, África, etc) se ayunaba cuarenta horas a partir de Nona del Viernes Santo (esto es las 15:00 hs de la tarde hora de la muerte del Señor) hasta el Domingo por la mañana, a la salida del sol a eso de las 7 de la mañana. En las iglesias de origen judeo cristiano, se comenzaba a ayunar desde el Lunes Santo, por influencia de la constumbre judía de alimentarse durante siete días con el pan de aflixión antes de Pascua.
Pero al llegar el s IV el ejemplo de los cuarenta días del Señor en el desierto, fue la razón principal por la que la Iglesia extendió a cuarenta días el ayuno antes de Pascua para todos lo fieles. A esta razón se unieron otras: la necesidad de un tiempo para los catecúmenos adultos, y la necesidad de un tiempo canónico de Penitencia para los pecadores públicos.
Desde los ss IV al VI as cosas evolucionaron de tal manera que se terminó por identificar ayuno con Cuaresma. Y el tiempo de Cuaresma se transformó en un gran retiro de toda la Iglesia para preparar la Pascua y el Bautismo. Los catecúmenos preparaban su bautismo, los penitentes (Ordo Paeniténtium) preparaban su reconociliación el Jueves Santo, y el resto de los simples cristianos se preparaba por la penitencia a fin de revivir su bautismo y renovar las promesas bautismales en Sábado Santo.
LOS CUARENTA DÍAS DE JESÚS EN EL DESIERTO
La idea de los cuarenta días de ayuno de Jesús en el desierto, después de su bautismo fue muy fuerte en los Padres porque interpretaron que con estos hechos Jesús nos estaba enseñando a dedicar cuarenta días con Él a la oración y al ayuno, para prepararnos al Bautismo. Los Padres pensaban también en la cuarentena del diluvio universal, del Éxodo de los israelitas por el desierto, de la penitencia de Ninive y sobre todo la cuarentena de Elías y Moisés, con los cuarenta años del pueblo elegido por el desierto, antes de llegar a la tierra prometida. Moisés pasa cuarenta días en el Sinaí sin comer ni beber antes de recibir la Ley[3]. Y Elías pasa cuarenta días en el Horeb, antes de contemplar a Dios[4]. Por este motivo en el s IV se instauran los cuarenta días de Cuaresma en 6 semanas.
S León Magno pone en íntima relación la Cuaresma de Cristo con la Cuaresma del cristiano:
Entramos, amadísimos en la Cuaresma, es decir, en una fidelidad mayor en el servidio del Señor. Viene a ser como si entráramos en un combate de santidad. Por tanto, preparemos nuestras almas a las embestidas de las tentaciones, sabiendo que cuantos más celosos seamos de nuestra salvación, tanto más violentamente nos atacarán nuestros adversarios. Mas el que habita en medio de nosotros (Cristo en Cuaresma) es más fuerte que quien lucha contra nosotros (Satanás). Nuestra fortaleza viene de El, en cuyo poder tenemos puesta nuestra confianza. Pues, si el Señor permitió que le visitase el Tentador, lo hizo para que tuviésemos nosotros, además de la fuerza de su socorro, la enseñanza de su ejemplo. Acabáis de oirlo: venció a su adversario con las Palabras de le Ley, no con el vigor de su brazo. Sin duda alguna, reportó su humanidad mayor gloria y fue mayor el castigo de su adversario al triunfar del Enemigo de los hombres, no como Dios sino como mortal. Ha combatido, para enseñarnos a combatir en pos de Él. Ha vencido, para que nosotros seamos vencedores de la misma manera[5].
P. GUILLERMO R. J. CASTILLO OSB
[1] Cfr Dom FLICOTEAUX, Emmanuel: art. Spiritualité du Carême, en DS II,1 col 136 ss. MARTIMORT, A G: La Iglesia en oración. Ed Herder, 1986. NOCENT, A: Celebrar a Jesucristo III, p 67 ss. Ed Sal Terrae, 1979.
[2] Lc 5, 35.
[3] Ex 24, 12-18; 18, 34.
[4] 1 Re 19, 3-8.
[5] Homilía I, 3.

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